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Evangelio según San Juan 10,27-30.
Mis ovejas
escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen,
y yo les doy vida eterna.
Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano.
Aquello que el Padre
me ha dado lo superará todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi
Padre.
Yo y el Pad re somos una sola cosa.»
Extraído de la
Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Gregorio Magno ( c.540-604), papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio, n°14 (trad. cf breviario 4º domingo de Pascua)
El Señor dijo: “Mis ovejas escuchan la voz, y yo los conozco;
ellas me siguen y yo les doy vida eterna”. Sobre el mismo tema, Él dijo un poco
más adelante: “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y
saldrá y encontrará pasto” (Juan 10,9). Entrará por la fe, Él saldrá pasando de
la fe hacia la visión cara a cara, de la creencia a la contemplación, y
encontrará un pasto a su llegada al festín eterno.
Las ovejas del
Buen Pastor encuentran por tanto el pasto, pues todos los que le siguen con un
corazón humilde, son alimentados con el pasto de las praderas eternamente
verdes. ¿Y cuál es el pasto de esas ovejas, sino las alegrías interiores de un
paraíso eternamente verde? El pasto de los elegidos, es el rostro de Dios,
siempre presente: y cuando lo contemplamos sin interrupción, el alma se sacia
sin fin de un alimento de vida...
Busquemos pues, hermanos queridos, este
pasto en el que encontraremos nuestra alegría, fruto de esa fiesta que se
celebra en el cielo por tantos de nuestros ciudadanos. Que su júbilo nos
estimule... ¡Despertemos nuestras almas, hermanos míos! Que nuestra fe, sienta
el calor de aquello en lo que creemos, que los bienes de lo Alto enciendan
nuestros deseos. Amar así ya es estar en camino. No dejemos que ninguna prueba
nos desvíe de la felicidad de esta fiesta interior, porque si deseamos llegar a
la meta que nos hemos fijado, ninguna dificultad puede disuadir ese deseo. No
dejemos que nos seduzcan falsas victorias. Sería estúpido el viajero que
deslumbrado por el espectáculo del maravilloso paisaje, olvide a mitad de camino
el destino de su viaje.
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