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Evangelio según San Juan 3,16-21.
¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Unico, para que quien cree en
él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Dios no envió al Hijo al mundo
para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él.
Para
quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado,
por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios.
Esto requiere
un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la
luz, porque sus obras eran malas.
Pues el que obra el mal odia la luz y no va
a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas.
Pero el
que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en
Dios.»
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Isaac el Sirio
(siglo VII), monje cercano a Mossoul
Capítulo sobre el conocimiento, IV,
77-78
El hombre enardecido por la llama de la verdad, aun no ha
conocido la verdad en su esencia. Cuando la haya aprendido realmente ya no se
enardecerá a causa de ella. El don de Dios y el conocimiento que confiere el don
no son nunca motivo para turbarse o para levantar la voz, porque el lugar donde
habita el Espíritu con amor y humildad es un lugar donde reina la
paz...
Si el celo ardoroso hubiera sido necesario para enderezar los
caminos del hombre ¿por qué Dios se habría revestido de un cuerpo y habría
utilizado la dulzura y la humildad para convertir al mundo a su Padre? ¿Y por
qué habría abierto sus brazos en la cruz por los pecadores, sometiéndo su cuerpo
santísimo al sufrimiento en favor del mundo? Yo afirmo que Dios lo hizo por una
sola razón: dar a conocer al mundo su amor, para que nuestra capacidad de amar,
aumentada por esta constatación, se haga cautiva del amor de Dios. Así, el
extraordinario poder del reino de los cielos que consiste en el amor, ha
encontrado una ocasión de expresarse en la muerte de su Hijo...para que el mundo
se dé cuenta del amor de Dios por su creación. Si este gesto admirable, hubiese
tenido por fin únicamente el perdón de nuestros pecados, habría bastado otro
medio para realizarlo. ¿Quién lo habría rechazado si se hubiese realizado por
medio de una muerte corriente? Pero Dios no quiso una muerte cualquiera para que
tú comprendieras que hay aquí un misterio...
¿Por qué hacían falta
los insultos y salivazos?... ¡Oh sabiduría vivificante! Te has dado cuenta ahora
y has comprendido cuál era la razón de la venida del Nuestro Señor y de todo lo
que le siguió, antes que él mismo nos lo explicara por su propia boca. En
efecto, está escrito que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.”
(Jn 3,16)
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