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Evangelio según San Juan 6,44-51.
Nadie puede
venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último
día.
Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así
como viene a mí toda persona que ha escucha do al Padre y ha recibido su
enseñanza.
Pues por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha
venido de Dios ha visto al Padre.
En verdad les digo: El que cree tiene vida
eterna.
Yo soy el pan de vida.
Sus antepasados comieron el maná en el
desierto, pero murieron:
aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo
coman y ya no mueran.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma
de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para
la vida del mundo.»
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beata Teresa de
Calcuta (1910-1997), fundadora de la Hermanas Misioneras de la Caridad
Carta
a un sacerdote, 17/02/1978
“Tenía hambre, estaba desnudo, estaba desamparado. A mí me lo
hicisteis” (Mt 25,40). El Pan de vida y el hambriento, pero un solo amor:
solamente Jesús. Su humildad es realmente maravillosa. Puedo comprender su
majestuosidad, su grandeza, porque él es Dios – pero su humildad sobrepasa mi
comprensión, porque Él se convirtió en Pan de vida para que incluso un niño tan
pequeño como yo pudiera comerlo y vivir.
Hace algunos días les estaba
dando la santa comunión a nuestras hermanas en la Casa Madre, y de repente me di
cuenta de que tenía a Dios entre los dedos. La grandeza de la humildad de Dios.
Realmente “no hay amor más grande” – no hay amor más grande que el amor de
Cristo (Juan 15,13) Estoy seguro de que a menudo vosotros experimentáis esta
sensación de que tanto en vuestra predicación como entre vuestras manos, el pan
se convierte en el cuerpo de Jesús y el vino en sangre de Jesús. ¡Qué grande
debe ser vuestro amor por Cristo! No hay amor más grande que el amor de un
sacerdote hacia Cristo, “su Señor y su Dios” (Juan 20,28).
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