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Evangelio según San Mateo 26,14-25.
Entonces uno
de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les
dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas
de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para
entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a
Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
El respondió:
"Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se
acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al
atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo:
"Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos
empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El
que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El
Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el
Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el
que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le
respondió Jesús.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de
Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Santa
Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, mística, doctora de la
Iglesia, copatrona de Europa
Diálogo 37
“Judas se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a
los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo: -He pecado entregando a este hombre
inocente.- Ellos le replicaron: “¿A nosotros, qué nos importa? Tú verás.” El fue
y se ahorcó” (cf Mt 27,3-5)
Dios le dijo a Santa Catalina: -El pecado
imperdonable, en este mundo y en el otro, es aquel que despreciando mi
misericordia no quiere ser perdonado. Por esto lo tengo por el más grave, porque
el desespero de Judas me entristeció más a mí mismo y fue más doloroso para mi
Hijo que su misma traición. Los hombres serán condenados por este falso juicio,
que les hace creer que su pecado es más grande que mi misericordia... Serán
condenados por su injusticia, cuando se lamentan de su suerte más que de la
ofensa que me hacen a mí.
Porque esta es su injusticia: no me
devuelven lo que me pertenece, ni se conceden a ellos mismos lo que les
pertenece. A mí me deben amor, el arrepentimiento de su falta y la contrición;
me los han de ofrecer a causa de sus faltas, pero hacen justo lo contrario. No
tienen amor y compasión más que por ellos mismos, ya que no saben más que
lamentarse sobre los castigos que les esperan. Ya ves, cometen una injusticia y
por esto quedan doblemente castigados, por haber menospreciado mi
misericordia.
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