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Evangelio según San Juan 10,22-30.
Era invierno
y en Jerusalén se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo.
Jesús se
paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón,
cuando los judíos lo
rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el
Mesías, dínoslo claramente.»
Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero
ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién
soy yo,
pero ustedes no creen porque no son ovejas mías.
Mis ovejas
escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen,
y yo les doy vida eterna.
Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano.
Aquello que el Padre
me ha dado lo superará todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi
Padre.
Yo y el Pad re somos una sola cosa.»
Extraído de la
Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Símbolo “Quicumque”, atribuido a san Atanasio (entre 430 y 500)
He aquí la fe católica: veneramos a un Dios en la Trinidad y a la
Trinidad en la unidad, sin confundir a las personas, sin dividir la sustancia:
una es, en efecto, la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu
Santo; pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen una misma divinidad,
una gloria igual, una misma majestuosidad eterna. Así como es el Padre, es el
Hijo y el Espíritu Santo: increado es el Padre, increado el Hijo e increado el
Espíritu Santo... De este modo el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu
Santo es Dios; y sin embargo ellos no son tres dioses, sino un mismo
Dios...
Esta es la fe sin desviaciones: nosotros creemos y confesamos
que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre: Él es Dios, de la
sustancia del Padre, engendrado antes de los siglos; y Él es hombre, de la
sustancia de su madre, nacido en el tiempo: Dios perfecto, hombre perfecto,
compuesto de un alma razonable y un cuerpo humano, igual al Padre según la
divinidad, inferior al Padre según la humanidad. Aunque Él sea Dios y hombre, no
existen dos Cristos sino un solo Cristo: uno, no porque la divinidad haya pasado
a la carne, sino porque la humanidad fue asumida por Dios; una unión no por
mezcla de sustancias, sino por la unidad de la persona. Porque, al igual que el
alma razonable y el cuerpo forman un hombre, Dios y el hombre forman un Cristo.
Él sufrió por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer
día de entre los muertos, subió a los cielos, y está sentado a la derecha del
Padre; desde allí vendrá a juzgar a vivos y muertos.
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