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Evangelio según San Juan 16,23b-28.
Cuando llegue
ese día ya no tendrán que preguntarme nada. En verdad les digo que todo lo que
pidan al Padre en mi Nombre se lo concederá.
Hasta ahora no han pedido nada
en mi Nombre. Pidan y recibirán, así conocerán el gozo completo.
Hasta ahora
los he instruido por medio de comparaciones. Pero está llegando la hora en que
ya no los instruiré con comparaciones, sino que les hablaré claramente del
Padre.
Ese día ustedes pedirán en mi Nombre, y no será necesario que yo los
recomiende ante el Pad re,
pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me
aman a mí y creen que salí de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora
dejo el mundo y vuelvo al Padre.»
Extraído de la Biblia
Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir
La oración del
Señor,§ 26-28
"No nos dejes caer en la tentación " (Mt 6,13)...
Cuando rezamos
para no caer en la tentación, nos acordamos de nuestra debilidad, con el fin de
que nadie se mire con complacencia, que nadie se engrandezca con insolencia, que
nadie se atribuya la gloria de su fidelidad o de su fortaleza, mientras que el
Señor mismo nos enseñe la humildad cuando dice: " velad y orad para no caer en
la tentación. El espíritu es ardiente pero la carne es débil " (Mc 14,38). Si
primero hacemos profesión de humildad, le devolvemos a Dios todo lo que pedimos
con temor y reverencia, podemos estar seguros de que su bondad nos lo
concederá.
Esta oración se termina con una conclusión que recoge
brevemente todas las peticiones. Al final decimos: "y líbranos del mal".
Comprendemos por esto, lo que el enemigo puede maquinar contra nosotros este
mundo, pero estamos seguros de tener un apoyo poderoso si Dios nos libra, si
concede su socorro a los que le imploramos. Cuando decimos: " Líbranos del mal",
no nos queda nada más que pedir... Estamos protegidos ante todas las
maquinaciones del demonio y del mundo. ¿Qué puede temer el mundo, si Dios es su
protector?
No es de extrañar, queridos hermanos, que la oración que
nos enseñó Dios con su magisterio resuma todas nuestras peticiones en tan breves
y saludables palabras... Cuando vino aquel que es la Palabra de Dios en persona,
nuestro Señor Jesucristo, para reunir a todos, sabios e ignorantes, y para
enseñar a todos, sin distinción de sexo o edad, el camino de salvación, quiso
resumir en un sublime compendio todas sus enseñanzas...
Y así, al
enseñar en qué consiste la vida eterna, nos resumió el misterio de esta vida en
estas palabras tan breves y llenas de divina grandiosidad: “Esta es la vida
eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo”
(Jn 17,3).
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