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Evangelio según San Juan 16,29-33.
Los
discípulos le dijeron: «Aho ra sí que hablas con claridad, sin usar
parábolas.
Ahora vemos que lo sabes todo y no hay por qué hacerte preguntas.
Ahora creemos que saliste de Dios.»
Jesús les res pondió:
«¿Ustedes dicen que
creen?
Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que se dispersarán cada uno
por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues el Padre está
conmigo.
Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes
encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al
mundo.»
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo
II (1920-2005), papa
Mensaje para la jornada mundial de la paz, 2002, §9-10
(trad. © Librería Editrice Vaticana)
“En el mundo tendréis luchas; pero tened valor, yo he vencido al
mundo.” (Jn 16,33)
Las familias, los grupos, los estados, la comunidad
internacional misma tienen que abrirse al perdón para reanudar los lazos rotos,
para ir más allá de las situaciones de condena recíproca, para vencer la
tentación de excluir a los demás negándoles toda posibilidad de apelación o
recurso. La capacidad de perdón está en la base de todo proyecto de una sociedad
futura más justa y más solidaria.
Negar el perdón, al contrario,
sobre todo si es para mantener los conflictos, tiene repercusiones incalculables
para el desarrollo de los pueblos. Los recursos se consagran a la carrera de
armamentos, a los gastos de guerra o para enfrentarse a las represalias
económicas. Así faltan los medios económicos necesarios para el desarrollo, la
paz y la justicia. ¡Cuánto sufrimiento hay en la humanidad porque no sabe
reconciliarse, qué atrasos porque no se sabe perdonar! La paz es la condición
del desarrollo, pero una paz verdadera no es posible sin el perdón.
La propuesta del perdón no es algo que se admite por su evidencia o
que se acepte fácilmente. En ciertos aspectos, es un mensaje paradójico. En
efecto, el perdón comporta siempre, a corto plazo, una pérdida aparente,
mientras que, a largo plazo, propicia un beneficio real. Con la violencia pasa
exactamente lo contrario. La violencia opta por un beneficio a corto plazo, pero
prepara para un futuro lejano una pérdida real y permanente. El perdón podría
parecer una debilidad. En realidad, tanto para el que lo pide como el que lo
concede, hace falta una fuerza espiritual grande y un coraje moral a toda
prueba. Lejos de disminuir a la persona, el perdón la conduce a un humanismo más
profundo y más rico, la capacita para reflejar en ella un rayo del esplendor del
Creador.
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