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Evangelio según San Juan 15,9-11.
Como el Padre
me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis
mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de
mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho todas estas cosas para que mi
alegría esté en ustedes y su alegría sea completa.
Extraído de la
Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas
Misioneras de la Caridad
No hay alegría más grande, p. 33
“Dios ama al que da con alegría”, dice San Pablo (2 Cor 9,7) El mejor
medio para manifestar nuestro agradecimiento a Dios y a los demás, es aceptarlo
todo con alegría. Un corazón alegre es el resultado lógico de un corazón
ardiente en amor. Los pobres se sentían atraídos por Jesús porque en él habitaba
algo mayor que él, irradiaba esta fuerza a través de sus ojos, sus manos, por
todo su cuerpo. Todo su ser manifestaba la entrega de sí mismo a Dios y a los
humanos.
¡Que nada nos pueda preocupar de tal modo que nos llene de
tristeza y de desánimo, que nos quite el gozo de la resurrección! La alegría no
es una simple cuestión de temperamento cuando se trata de servir a Dios y a las
almas; exige siempre un esfuerzo. Esto es una razón más para intentar adquirirla
y hacerla crecer en nuestros corazones. Incluso, si tenemos poco para compartir,
siempre nos quedará la alegría que nace de un corazón enamorado de
Dios.
Por todas partes del mundo, la gente está sedienta y hambrienta
del amor de Dios.
Nosotros respondemos a esta necesidad cuando sembramos la
alegría.
Es una de las mejores fortalezas contra la tentación.
Jesús puede tomar
plena posesión de un alma que se abandona en él con
alegría.
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