Evangelio según San Marcos 10,28-31.
Entonces
Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.»
Y Jesús
contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas,
madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin
recompensa.
Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la
presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo
venidero la vida eterna.
Entonces muchos que ahora son primeros serán
últimos, y los que son ahora últimos serán primeros.»
Extraído de
la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por
:
San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el Cantar de los Cantares nº 37, 2-5
“Sembrad en justicia, dice el Señor, y recogeréis la esperanza de la
vida”. No habla del último día cuando todo se nos dará realmente y ya no en
esperanza; habla del presente. Cierto, nuestro gozo será grande, nuestra alegría
infinita, cuando comenzará la verdadera vida. Pero ya la esperanza de un gozo
tan grande no se puede dar sin gran gozo. “Que la esperanza os tenga alegres”
dice el apóstol Pablo (Rm 12,12). Y David no dice que estará gozoso, sino que ya
lo ha estado el día en que ha esperado poder entrar en la casa del Señor (Sl
121,1). Todavía no poseía la vida, pero ya había cosechado la esperanza de la
vida. Y al mismo tiempo experimentaba la verdad de la Escritura que dice que no
sólo la recompensa sino “la esperanza de los justos está llena de gozo” (Pr
10,28). Este gozo se produce en el alma de aquel que ha sembrado para la
justicia, por la convicción que tiene de que sus pecados le son
perdonados...
Cualquiera de entre vosotros, después de los principios
amargos de la conversión, tiene la felicidad de verse aliviado por la esperanza
de los bienes que espera... ya desde ahora ha recogido el fruto de sus lágrimas.
Ha visto a Dios y ha escuchado de él: “Dadle el fruto de sus obras” (Pr 31,31).
¿Cómo es posible que el que ha “gustado y visto cuán bueno es el Señor” (Sal
33,9) no haya visto a Dios? El Señor Jesús aparece dulce a aquel que recibe de
él no sólo la remisión de sus faltas, sino también el don de la santidad y, más
aún, la promesa de la vida eterna. Dichoso el que ha hecho ya tan buena
cosecha... El profeta dice en verdad: «Los que sembraban con lágrimas cosechan
entre cantares» (Sl 125,5)... Ningún provecho ni honor terrestre no nos parecerá
estar por encima de nuestra esperanza y de este gozo de esperar, desde ahora
enraizado profundamente en nuestros corazones: “La esperanza no engaña, porque
el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo
que nos ha sido dado” (Rm 5,5).
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