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Evangelio según San Juan 16,16-20.
Jesús dijo a
sus discípulos:
«Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro poco me volverán a ver.»
Algunos discípulos se preguntaban:
«¿Qué querrá decir con eso: “Dentro de poco ya no me verán y después de otro poco me volverán a ver”? ¿Y qué significa: “Me voy al Padre”?»
Y se preguntaban:
«¿A qué se refiere
ese “dentro de poco”? No entendemos lo que quiere decir.»
Jesús se dio cuenta
de que querían preguntarle y les dijo:
«Ustedes andan discutiendo sobre lo que
les dije: “Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán
a ver”.En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el
mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en
gozo.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer
el comentario del Evangelio por :
San Agustín (354-430), obispo de
Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia, Padre de la Iglesia Latina
Sermones sobre san Juan, nº 101
Estas palabras del Salvador: «Volveré a veros y se alegrará
vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría» no deben ser referidas a
este tiempo en que, después de su resurrección, se dejó ver en su misma carne
por sus discípulos y les dijo que le tocaran, sino a ese otro tiempo del cual él
mismo ya había dicho: «El que me ama, lo amará mi Padre y lo amaré yo y me
mostraré a él» (Jn 14,21). Esta visión no es para esta vida sino para la vida
del mundo venidero. No es por un tiempo sino que no tendrá fin. «La vida eterna
es que te conozcan a ti al único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn
17,3). El apóstol Pablo dice sobre esta visión y conocimiento: «Ahora vemos como
en un espejo de adivinar, entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora
inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce» (1C 13,12).
Este es el fruto del trabajo de la Iglesia, ésta lo da a luz ahora en el deseo,
entonces lo dará a luz en la visión; ahora en el dolor, entonces en el gozo,
ahora en la súplica, entonces en la alabanza. Este fruto no tendrá fin porque
nada nos va a satisfacer sino lo que es infinito. Es ese deseo el que hizo decir
a Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta» (Jn
14,8).
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