lunes, 25 de marzo de 2013

_ 25 MARZO 2.013

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Lunes Santo




Evangelio según San Juan 12,1-11.



Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. 
Allí le prepararon una cena: 

Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. 

La casa se impregnó con la fragancia del perfume. 
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: 


"¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". 


Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. 
Jesús le respondió: 

"Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. 
A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre".

Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. 
Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, 
porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 


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__24 MARZO 2.013

--23 MARZO 2.013

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_22 MARZO 2.013

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jueves, 21 de marzo de 2013

_21 -MARZO- 2.013 _

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Evangelio según San Juan 8,51-59.


Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás". 



Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'. 
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?". 

Jesús respondió: 
"Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', 
y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. 
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría". 

Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?". 

Jesús respondió:
 "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy". 

Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo. 




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 




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miércoles, 20 de marzo de 2013

_ 20- MARZO- 2.013__

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Evangelio según San Juan 8,31-42.


Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: 


"Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos:
conocerán la verdad y la verdad los hará libres". 






Ellos le respondieron: "Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: 'Ustedes serán libres'?". 

Jesús les respondió:


 "Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado.
El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre.
Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres.
Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes.
Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre". 


Ellos le replicaron: "Nuestro padre es Abraham". 

Y Jesús les dijo:

 "Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. 
Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. 
Pero ustedes obran como su padre". 

Ellos le dijeron: "Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios". 

Jesús prosiguió: 

"Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió. 







Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, “Gaudium et Spes”, §16-17 


“Entonces conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

    En lo más profundo de su conciencia descubre el hombree la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente (Rm 2,14-16). La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla.




    La orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad, la cual posee un valor que nuestros contemporáneos ensalzan con entusiasmo. Y con toda razón. Con frecuencia, sin embargo, la fomentan de forma depravada, como si fuera pura licencia para hacer cualquier cosa, con tal que deleite, aunque sea mala. La verdadera libertad es signo eminente de la imagen divina (Gn 1,26) en el hombre. Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión (Si 15,14) para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a éste, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección... 

  ___  El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes. La libertad humana, herida por el pecado, para dar la máxima eficacia a esta ordenación a Dios, ha de apoyarse necesariamente en la gracia de Dios. ___









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__!9 -MARZO - 2.013 __

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Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.


Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. 

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. 
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. 
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. 
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". 
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa, 




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Liturgia griega 
Menaion 


“...Administrador de los misterios de Dios.” (1 Cor 4,1)
    José, esposo de María, vio con sus ojos el cumplimiento de las profecías. Escogido para el matrimonio más ilustre, recibió la revelación por la boca de los ángeles que cantaban: Gloria al Señor porque ha dado la paz a la tierra.


    ¡Anuncia, oh José, a David, padre del Hombre-Dios los prodigios que tus ojos contemplaron! Has contemplado al niño en el regazo de la Virgen; lo has adorado con los magos; has glorificado a Dios con los pastores, según la palabra del ángel. ¡Pide a Cristo Dios para que salve nuestras vidas!

    Dios inmenso ante el cual tiemblan las potestades celestiales, tú, oh José, lo has cogido en brazos cuando nació de la Virgen; has sido consagrado por él. Por esto, te veneramos hoy.

    Tu alma fue obediente a los preceptos divinos; lleno de una pureza sin igual, mereciste recibir por esposa a aquella que es pura e inmaculada entre las mujeres; tú fuiste el guardián de esta Virgen cuando ella fue elegida tabernáculo del creador...

    Aquel que con una palabra creó el cielo, la tierra y el mar ha sido llamado hijo del carpintero, ¡hijo tuyo, admirable José! Tú fuiste llamado padre de aquel que no tiene principio y que te nombró administrador de un misterio que sobrepasa toda inteligencia... Guardián santo de la Virgen bendita, tú has cantado con ella este cántico: “Que toda criatura bendiga al Señor y lo ensalce por los siglos.” (Dn 3,67)






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__18-03- 2.013 __

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Evangelio según San Juan 8,12-20.


Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida". 
Los fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale". 
Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy. 
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie, 
y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió. 
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido. 
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí". 
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?". Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre". 
El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (Norte de África) y doctor de la Iglesia 
Sermón sobre el evangelio de Juan, n° 35, 4-5.9 

“El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”
    Los fariseos le dijeron: "tú das testimonio de tí mismo y tu testimonio no vale"... Jesús les respondió: "sí, yo doy testimonio de mí mismo y mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y a donde voy". La luz muestra los objetos que alumbra, y al mismo tiempo se muestra a ella misma...  “Yo sé de dónde vengo y a donde voy." 
    
    El que está delante de vosotros y el que habla posee lo que no dejó: viniendo aquí abajo, no dejó el cielo, y regresando allí, no nos abandonó... Esto es imposible para el hombre, esto es imposible para el mismo sol: cuando se dirige hacia occidente, abandona oriente y, hasta que regresa a oriente, no está allí más. Pero nuestro Señor Jesucristo, viene sobre tierra y está en el cielo; regresa al cielo, y está sobre tierra... 

    San Pedro escribe: "Así tenemos más confirmada la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día" (2P 1,19). Cuando venga nuestro Señor, según las palabras del apóstol Pablo, "Él iluminará lo que esconden las tinieblas" (1Co 4,5)... Ante tal luz, las antorchas no nos serán necesarias: no leeremos más a los profetas, no abriremos más las epístolas de los apóstoles, no pediremos más el testimonio de Juan Bautista, no necesitaremos más el Evangelio.

    Todas las Escrituras, que nos sirvieron de antorchas en medio de la noche de nuestro mundo, desaparecerán... ¿Qué veremos?... "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios" (Jn 1,1). Vendrás a sacar de la fuente de donde surgió el rocío que te fue dado, de donde salieron estos rayos quebrantados que llegaban dando mil rodeos hasta tu corazón envuelto con tinieblas. Verás al descubierto la luz misma... "Lo que un día seremos aún no se ha manifestado. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es" (1Jn 3,2)... Yo, yo voy a dejar este libro; fue bueno gozar de su luz juntos, pero aunque no lo tengamos, no perdemos esta luz.




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__17-03- 2.013 _

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Evangelio según San Juan 8,1-11.


Jesús fue al monte de los Olivos. 
Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. 
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 
dijeron a Jesús: "Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 
Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?". 
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 
Como insistían, se enderezó y les dijo: "El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra". 
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 
e incorporándose, le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?". 
Ella le respondió: "Nadie, Señor". "Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante". 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa 
Encíclica “Dives in misericordia”, §2 (trad. © copyright Librería Editrice Vaticana rev.) 

“El que esté sin pecado, que tire la primera piedra”
    “A Dios nadie lo ha visto”, escribe San Juan para dar mayor relieve a la verdad, según la cual “precisamente el Hijo unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer” (Jn 1,18)... Revelada en Cristo, la verdad acerca de Dios como “Padre de la misericordia”, (2Co 1,3) nos permite “verlo” especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad. Debido a esto, en la situación actual de la Iglesia y del mundo, muchos hombres y muchos ambientes guiados por un vivo sentido de fe se dirigen, yo diría casi espontáneamente, a la misericordia de Dios. Ellos son ciertamente impulsados a hacerlo por Cristo mismo, el cual, mediante su Espíritu, actúa en lo íntimo de los corazones humanos. En efecto, revelado por El, el misterio de Dios “Padre de la misericordia” constituye, en el contexto de las actuales amenazas contra el hombre, como una llamada singular dirigida a la Iglesia.

    En la presente Encíclica deseo acoger esta llamada; deseo recurrir al lenguaje eterno —y al mismo tiempo incomparable por su sencillez y profundidad— de la revelación y de la fe, para expresar precisamente con él una vez más, ante Dios y ante los hombres, las grandes preocupaciones de nuestro tiempo. 

    En efecto, la revelación y la fe nos enseñan no tanto a meditar en abstracto el misterio de Dios, como “Padre de la misericordia”, cuanto a recurrir a esta misma misericordia en el nombre de Cristo y en unión con El ¿No ha dicho quizá Cristo que nuestro Padre, que “ve en secreto”(Mt 6,4),  espera, se diría que continuamente, que nosotros, recurriendo a El en toda necesidad, escrutemos cada vez más su misterio: el misterio del Padre y de su amor? 

    Deseo pues que estas consideraciones hagan más cercano a todos tal misterio y que sean al mismo tiempo una vibrante llamada de la Iglesia a la misericordia, de la que el hombre y el mundo contemporáneo tienen tanta necesidad. Y tienen necesidad, aunque con frecuencia no lo saben.




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__16-03- 2.013_

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Evangelio según San Juan 7,40-53.


Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: "Este es verdaderamente el Profeta". 
Otros decían: "Este es el Mesías". Pero otros preguntaban: "¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? 
¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?". 
Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. 
Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él. 
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: "¿Por qué no lo trajeron?". 
Ellos respondieron: "Nadie habló jamás como este hombre". 
Los fariseos respondieron: "¿También ustedes se dejaron engañar? 
¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? 
En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita". 
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: 
"¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?". 
Le respondieron: "¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta". 
Y cada uno regresó a su casa. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución dogmática sobre la Iglesia, “Lumen Gentium”, § 9 

“Cristo, por su cruz, reúne a los hombres divididos y dispersos”
    Cristo selló con su sangre un pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento (1C 11,25), lo estableció convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios...: un linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de adquisición..., que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios” (1P 2, 9-10). 

    Este pueblo mesiánico, por consiguiente, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación. Cristo, que lo instituyó para ser comunión de vida, de caridad y de verdad, se sirve también de él como de instrumento de la redención universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (cf. Mt 5,13-16)... Dios formó una comunidad de quienes, creyendo, ven en Jesús al autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz, y la constituyó Iglesia a fin de que fuera para todos y cada uno el sacramento visible de esta unidad salutífera.

    Esta Iglesia, debiendo difundirse en todo el mundo, entra, por consiguiente, en la historia de la humanidad, si bien trasciende los tiempos y las fronteras de los pueblos. Caminando, pues, en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta por la debilidad de la carne, antes, al contrario, persevere como esposa digna del Señor y, bajo la acción del Espíritu Santo, no cese de renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce ocaso.





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__15-03- 2.013_

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Evangelio según San Juan 7,1-2.10.25-30.


Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. 
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas, 
Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. 
Algunos de Jerusalén decían: "¿No es este aquel a quien querían matar? 
¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? 
Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es". 
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: "¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. 
Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió". 
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Juan de la Cruz (1542-1591), carmelita descalzo, doctor de la Iglesia 
Cántico espiritual, estrofa 1 

“Intentaban agarrarlo, pero nadie le pudo echar mano”
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

    Es como si dijera: Verbo, Esposo mío, muéstrame el lugar donde estás escondido. En lo cual le pide la manifestación de su divina esencia; porque el lugar donde está escondido el Hijo de Dios es, como dice san Juan (1, 18), el seno del Padre, que es la esencia divina, la cual es ajena de todo ojo mortal y escondida de todo humano entendimiento; que por eso Isaías (45, 15), hablando con Dios, dijo: Verdaderamente tú eres un Dios escondido.

    De donde es de notar que, por grandes comunicaciones y presencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios, ni tiene que ver con él, porque todavía, a la verdad, le está al alma escondido, y por eso siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas tenerle por escondido y buscarle escondido, diciendo: ¡Adónde te escondiste? Porque ni la alta comunicación ni presencia sensible es cierto testimonio de su graciosa presencia, ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma, lo es de su ausencia en ella. Por lo cual el profeta Job (9, 11) dice: “Si viniere a mí no le veré, y si se fuere no le entenderé”.

    En lo cual se ha de entender que, si el alma sintiere gran comunicación o sentimiento o noticia espiritual, no por eso se ha de persuadir a que aquello que siente es poseer o ver clara y esencialmente a Dios, o que aquello sea tener más a Dios o estar más en Dios, aunque más ello sea; y que si todas esas comunicaciones sensibles y espirituales faltaren, quedando ella en sequedad, tiniebla y desamparo, no por eso ha de pensar que la falta Dios más así que así,...

    El intento principal del alma en este verso no es sólo pedir la devoción afectiva y sensible, en que no hay certeza ni claridad de la posesión del Esposo en esta vida, sino principalmente la clara presencia y visión de su esencia en que desea estar certificada y satisfecha en la otra.



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__14-03- 2.013 _

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Evangelio según San Juan 5,31-47.


Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. 
Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero. 
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. 
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. 
Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. 
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. 
Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, 
y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió. 
Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, 
y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida. 
Mi gloria no viene de los hombres. 
Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. 
He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. 
¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios? 
No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. 
Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. 
Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?". 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Concilio Vaticano II 
Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación (Dei Verbum), § 14-16 

Escrutad las Escrituras... ellas dan testimonio de mí”
    Dios amantísimo, buscando y preparando solícitamente la salvación de todo el género humano, con singular favor se eligió un pueblo, a quien confió sus promesas... La economía, pues, de la salvación preanunciada, narrada y explicada por los autores sagrados, se conserva como verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento; por lo cual estos libros inspirados por Dios conservan un valor perenne: "Pues, todo lo que se escribió en el pasado, se escribió para nuestra enseñanza, a fin de que a través de nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras estemos mantengamos la esperanza" (Rom. 15,4).

    La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico. Mas los libros del Antiguo Testamento manifiestan a todos el conocimiento de Dios y del hombre, y las formas de obrar de Dios justo y misericordioso con los hombres, según la condición del género humano en los tiempos que precedieron a la salvación establecida por Cristo. Estos libros, aunque contengan también algunas cosas imperfectas y adaptadas a sus tiempos, demuestran, sin embargo, la verdadera pedagogía divina. Por tanto, los cristianos han de recibir devotamente estos libros, que expresan el sentimiento vivo de Dios, y en los que se encierran sublimes doctrinas acerca de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre, y tesoros admirables de oración, y en los que, por fin, está latente el misterio de nuestra salvación.

    Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo. Porque, aunque Cristo fundó el Nuevo Testamento en su sangre, no obstante los libros del Antiguo Testamento recibidos íntegramente en la proclamación evangélica, adquieren y manifiestan su plena significación en el Nuevo Testamento, ilustrándolo y explicándolo al mismo tiempo.    





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_ 13 -03- 2.013-

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Evangelio según San Juan 5,17-30.


El les respondió: "Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo". 
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. 
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: "Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo. 
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados. 
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere. 
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo, 
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. 
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. 
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán. 
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella, 
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre. 
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz 
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio. 
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 98 

“Llega la hora en que los muertos escucharán la voz del Hijo de Dios.”
    “¡Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz!” (Ef 5,14). Comprende de qué muertos se trata cuando oyes decir: “¡Levántate de entre los muertos!” Incluso de muertos visibles se dice, a menudo, que duermen; y, verdaderamente, todos duermen por aquél que los puede despertar. Para ti, un muerto está bien muerto: por mucho que lo golpees, lo sacudas, no se despierta. Pero para Cristo sólo estaba dormido aquel a quien ordenó: “¡Levántate!” y, al instante, se levantó (Lc 7,14). Es fácil despertar a uno que duerme en su cama; pero con mayor facilidad aun, Cristo despierta a un muerto enterrado... “Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días” (Jn 11,39). Pero llega el Señor a quien todo le resulta fácil. Frente a la voz del Salvador no hay ataduras que no cedan; los poderes infernales tiemblan y Lázaro sale vivo... Por la voluntad vivificante de Cristo, incluso los que ya hace tiempo que murieron, no están más que dormidos.

    Pero Lázaro, una vez salido del sepulcro, era todavía incapaz de caminar.  Por eso el Señor ordenó a sus discípulos: “Desatadle y dejadlo marchar”. Cristo lo había resucitado; ellos lo liberaron de sus ataduras. Fijaos en lo que hace el Señor para que alguien vuelva a la vida: habiendo sido esclavo de la costumbre, escucha las exhortaciones de la Palabra divina... Los pecadores, vivamente amonestados, entran dentro de sí mismos, comienzan a repasar su vida y al sentir el peso de las cadenas de sus malas costumbres, deciden cambiar su forma de vida: ¡vedlos ya resucitados! Pero, aunque están ya vivos, todavía no pueden caminar; es preciso que se liberen de sus ataduras; este es el trabajo de los apóstoles: “Lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 18,18).    






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_12 -03- 2.013 _

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Evangelio según San Juan 5,1-16.


Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. 
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. 
Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. 
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. 
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres curarte?". 
El respondió: "Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes". 
Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y camina". 
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, 
y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla". 
El les respondió: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'". 
Ellos le preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y camina?'". 
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. 
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía". 
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. 
Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Juan Taulero (c 1300-1361), dominico en Estrasburgo 
Sermón 8, para el 1er viernes de cuaresma 

"¿Deseas recobrar la salud?"
    Esta piscina... representa a la persona de nuestro Señor Jesucristo, digno de amor, y el agua removida en esta piscina, es la sangre bendita del Hijo de Dios tan querido, Dios y hombre, que nos lavó a todos con su sangre preciosa y que, por amor, quiere lavar a todos los que acuden a Él (1P 1,19; Ap 7,14)...
    
    Los enfermos pueden simbolizar a los hombres entregados al orgullo, a la cólera, al odio, a la avaricia, a la lujuria, lo que nos da a entender que todos los enfermos de este género, que pueden lavarse en la sangre de Cristo, serán completamente curados, si quieren sumergirse en esta agua. Los cinco pórticos de esta piscina pueden representar, en cierto sentido, las cinco heridas sagradas de nuestro Señor, por las cuales y en las cuales todos nosotros hemos sido salvados... Bajo estos pórticos de la piscina se albergaban un gran número de enfermos, y el que descendía a la piscina, en cuanto se agitaba el agua, quedaba completamente curado. ¿Qué significan pues esta agitación y este contacto, sino que el Espíritu Santo desciende desde lo alto sobre el hombre, y toca el interior del hombre, provocando allí una gran agitación, y que el interior de este hombre verdadera  y completamente ha cambiado? No prueba más las cosas que le gustaban antes; y lo que le horrorizaba, ahora es su goce.
    
    El desprecio, la pobreza exterior e interior, la renuncia, la vida interior, la humildad, el despego de todas las cosas creadas: he aquí lo que hace ahora su mayor felicidad. Cuando este contacto se efectua, el enfermo, es decir el hombre exterior, desciende por completo al fondo de la piscina, y se lava en Cristo, en su sangre preciosísima y, por la virtud de este contacto, seguramente queda curado, como también está escrito en otro lugar: "todos los que le tocaban quedaron curados" (Mt 14,36).






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Evangelio según San Juan 4,43-54.


Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea. 

El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. 
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. 
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. 
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo. 
Jesús le dijo: "Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen". 
El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". 
"Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y leanunciaron que su hijo vivía. 
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. 
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. 
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea. 




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

San Anastasio de Antioquía (c - 599), monje después patriarca de Antioquía 
Homilía 5, sobre la Resurrección de Cristo, 6-9; PG 89, 1358-1362 (trad. breviario, difuntos) 


“Tu hijo está vivo”
    “Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muerto” (Rm 14,9).  Pero, no obstante, Dios “no es Dios de muertos, sino de vivos” (Lc 20,38). Los muertos, por tanto, que tienen como Señor al que volvió a la vida, ya no están muertos, sino que viven, y la vida los penetra hasta tal punto que viven sin temer ya a la muerte. Como Cristo que, “una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más”, (Rm 6,9), así ellos también, liberados de la corrupción, no conocerán ya la muerte y participarán de la resurrección de Cristo, como Cristo participo de nuestra muerte. Cristo, en efecto, no descendió a la tierra sino “para destrozar las puertas de bronce y quebrar los cerrojos de hierro” (Sal. 106,16), que, desde antiguo, aprisionaban al hombre, y para librar nuestras vidas de la corrupción y atraernos hacia él, trasladándonos de la esclavitud a la libertad.


    Si este plan de salvación no lo contemplamos aún totalmente realizado —pues los hombres continúan muriendo, y sus cuerpos continúan corrompiéndose en los sepulcros—, que nadie vea en ello un obstáculo para la fe. Que piense más bien cómo hemos recibido ya las primicias de los bienes que hemos mencionado y cómo poseemos ya la prenda de nuestra ascensión a lo más alto de los cielos, pues estamos ya sentados en el trono de Dios, junto con aquel que, como afirma san Pablo, nos ha llevado consigo a las alturas; escuchad, si no, lo que dice el Apóstol: “Nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él”. (Ef. 2,6)





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domingo, 10 de marzo de 2013

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Evangelio según San Lucas 15,1-3.11-32.


Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. 
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". 
Jesús les dijo entonces esta parábola: 
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. 
El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. 
Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. 
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. 
Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. 
El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 
Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! 
Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; 
ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. 
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 
El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. 
Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, 
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. 
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. 
Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. 
El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. 
El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, 
pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. 
¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. 
Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. 
Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'". 
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.


Leer el comentario del Evangelio por :


San Juan María Vianney (1786-1859),

sacerdote, cura de Ars 
1er sermón sobre la misericordia de Dios, 3er domingo después de Pentecostés

“Estaba perdido y lo hemos encontrado”



    "Hice mal en abandonar a mi padre que me quería tanto; derroché todos mis bienes llevando una mala vida; estoy totalmente destrozado y muy sucio, ¿podrá reconocerme mi padre como su hijo? Me echaré a sus pies, los regaré con mis lágrimas; le pediré que me trate como a uno de sus jornaleros "... Su padre, que seguía llorando después de su pérdida, viéndole venir de lejos, olvidó su edad avanzada, la mala vida de este hijo y se echó a su cuello para abrazarlo. Este pobre hijo, totalmente asombrado por el amor de su padre, exclama: "no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros. - no, no, hijo mio, exclama el padre, todo está olvidado, pensemos sólo en regocijarnos.
    Que le traigan el mejor vestido...; que se eche la casa por la ventana y alegrémonos; porque mi hijo estaba muerto y ha resucitado, estuvo perdido y lo hemos encontrado".

¡Bella imagen, hermanos mios, de la grandeza de la misericordia de Dios para los pecadores más miserables!..
. ¡Oh Dios mio, el pecado es algo horrible! ¿Cómo podemos cometerlo?
Pero con todo lo miserables que somos, en cuanto tomamos la resolución de convertirnos, las entrañas de su misericordia se mueven a compasión.
 Este Salvador misericordioso corre, por su gracia, al encuentro de los pecadores, los abraza colmándolos de los consuelos más deliciosos..
. ¡Oh delicioso encuentro! ¡Qué felices seríamos si tuviéramos la dicha de comprenderlo! Pero por desgracia, no correspondemos a la gracia, y entonces, estos momentos felices desaparecen.
    Jesucristo le dice al pecador por boca de sus ministros:
"cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os hebéis revestido de Cristo, de su justicia, sus virtudes y sus méritos" (cf Ga 3,27).

 He aquí, mis Hermanos míos, así nos trata Jesucristo cuando tenemos la dicha de dejar el pecado para entregarnos a él. 

¡Oh, qué motivo de confianza para un pecador, que aunque es culpable, sabe que la misericordia de Dios es infinita!
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Evangelio según San Lucas 18,9-14.


Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: 
"Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. 
El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. 
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'. 
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. 
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado". 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, doctora de la Iglesia 
Manuscrito autobiográfico C, 36rº-vº 

Por la confianza y el amor
    Esa es mi oración; pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una estrechamente con él, que sea él quien actúe y viva en mí. Siento que cuanto más el fuego del amor encenderá mi corazón, tanto más diré: “Atráeme”, cuanto más las almas se me acercarán (pobre desecho de hierro inútil si me alejara de la hoguera divina), las almas correrán más rápidamente atraídas por el olor de los perfumes de su Amado (Ct 1,4 LXX)...
    
    Madre querida, quisiera ahora deciros qué es lo que entiendo cuando digo olor de los perfumes del Amado. Puesto que Jesús subió al cielo, no le puedo seguir más que siguiendo las huellas que él ha dejado, pero, ¡qué luminosas son estas huellas, cuan perfumadas están! No tengo que hacer otra cosa que poner mis ojos en el santo Evangelio, enseguida respiro los perfumes de la vida de Jesús y sé por donde debo correr. No es en el primer lugar, sino que me lanzo hacia el último; en lugar de adelantarme, como el fariseo, repito, llena de confianza, la humilde plegaria del publicano. Pero sobre todo imito la conducta de María Magdalena; su maravillosa, o mejor, su amorosa audacia, que hace las delicias del Corazón de Jesús, seduce al mío.
    
    Sí, siento en mí que, aunque pesaran sobre mi conciencia todos los pecados que se pueden cometer, con el corazón roto por el arrepentimiento iría a refugiarme en los brazos de Jesús, porque se muy bien cuánto ama al hijo pródigo que regresa a él. No es porque el buen Dios, en su solícita misericordia, ha preservado a mi alma del pecado mortal que me levanto hacia él por la confianza y el amor.






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Evangelio según San Marcos 12,28b-34.


Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". 

Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 
y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. 
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". 
El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". 
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. 




Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad 
Algo bello para Dios, pag.64 


El mandamiento del amor
    “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” (Dt 5,6) Este es el mandamiento de Dios y él no puede pedir lo imposible. El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y siempre está disponible. Todo el mundo lo puede coger. No hay límite que se imponga a nuestro deseo. La meditación y el espíritu de oración, el sacrificio y la intensidad de la vida interior son para todos nosotros los medios de alcanzar este amor.

    
    Si no hay ningún límite es porque Dios es amor, (1Jn 4,8) y el amor es Dios. Lo que realmente nos une a Dios es una relación de amor. Y el amor de Dios es infinito. Y tener parte en este amor significa amar y darse hasta el sacrificio. Por esto, no se trata tanto de lo que hacemos como del amor con que lo hacemos, con que nos entregamos. Por esto, la gente que no sabe ni dar ni recibir amor son, aunque tengan muchas riquezas, las personas más pobres de los pobres.



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Evangelio según San Lucas 11,14-23.


Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, 
pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios". 
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. 
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. 
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. 
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. 
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. 
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, 
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes. 
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Simeón el Nuevo Teólogo (c 949-1022), monje griego, santo de la Iglesia ortodoxa 
Catequesis, 27; SC 113, p. 116-118 

El que no recoge conmigo,desparrama
    Los que son amigos de Dios y le aman, los que lo poseen en su interior como un tesoro inviolable, acogen los insultos y las humillaciones con una alegría y una felicidad indecibles (Mt 5,10-12). Rebosan amor y un amor sincero hacia los que...les hacen sufrir todo esto, como bienhechores... El que no conoció caída alguna, el Señor Jesús nuestro Dios, fue golpeado, para que los pecadores que le imitan no sólo reciban el perdón sino que lleguen a participar de su divinidad por su obediencia. El que no acepta las afrentas con humildad de corazón, el que se avergüenza de imitar los sufrimientos de su Maestro, entonces, también Cristo se avergonzará de él, en presencia de los ángeles (Lc 9,26)...

    Fue abofeteado, cubierto de escupitajos, crucificado: estremeceos, hombres, temblad, y soportad también vosotros con alegría los insultos que Dios sufrió por nuestra salvación. Dios recibe una bofetada del último de sus siervos (Jn 18,22) para darte un ejemplo de victoria; ¿y tú no aceptas el mismo tratamiento por parte de uno de tus semejantes? Si te averguenzas de llegar a ser imitador de Dios, ¿cómo reinarás con él? Si, esperándolo, no eres paciente en las vejaciones, ¿ cómo serás glorificado con él en el Reino de los cielos?




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Evangelio según San Mateo 5,17-19.


No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Benedicto XVI, papa de 2005 a 2013 
Discurso del 19/08/2005 en la sinagoga de Colonia, Alemania (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana) 

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud”
    Se cumple también este año el 40° aniversario de la promulgación de la declaración Nostra aetate del concilio ecuménico Vaticano II, que abrió nuevas perspectivas en las relaciones judeocristianas en un clima de diálogo y solidaridad. Esta declaración... recuerda nuestras raíces comunes y el rico patrimonio espiritual que comparten judíos y cristianos. Tanto los judíos como los cristianos reconocen en Abraham a su padre común en la fe (cf. Ga 3, 7; Rm 4, 11 s), y hacen referencia a las enseñanzas de Moisés y los profetas. La espiritualidad de los judíos, al igual que la de los cristianos, se alimenta de los Salmos. Como el apóstol san Pablo, los cristianos están convencidos de que "los dones y la vocación de Dios son irrevocables" (Rm 11, 29; cf. 9, 6. 1; 11, 1 s). Teniendo en cuenta la raíz judía del cristianismo (cf. Rm 11, 16. 24), mi venerado Predecesor... dijo: "Quien se encuentra con Jesucristo se encuentra con el judaísmo"...

    Dios nos ha creado a todos "a su imagen" (cf. Gn 1, 27)...: Ante Dios, todos los hombres tienen la misma dignidad, independientemente del pueblo, la cultura o la religión a que pertenezcan. Por esta razón, la declaración Nostra aetate también habla con gran consideración de los musulmanes (cf. n. 3), y de los que pertenecen a otras religiones (cf. n. 2). Fundándose en la dignidad humana común a todos, la Iglesia católica "reprueba, como ajena al espíritu de Cristo, cualquier discriminación o vejación por motivos de raza o color, de condición o religión" (n. 5).

    La Iglesia es consciente de que tiene el deber de trasmitir, tanto en la catequesis a los jóvenes como en cada aspecto de su vida, esta doctrina a las nuevas generaciones que no han visto los terribles acontecimientos ocurridos antes y durante la segunda guerra mundial. Es una tarea especialmente importante porque, desafortunadamente, hoy resurgen nuevos signos de antisemitismo y aparecen diversas formas de hostilidad generalizada hacia los extranjeros. ¿Cómo no ver en eso un motivo de preocupación y cautela? La Iglesia católica se compromete ―lo reafirmo también en esta ocasión― por la tolerancia, el respeto, la amistad y la paz entre todos los pueblos, las culturas y las religiones


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