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Evangelio según San Juan 7,40-53.
Algunos de la
multitud que lo habían oído, opinaban: "Este es verdaderamente el Profeta".
Otros decían: "Este es el Mesías". Pero otros preguntaban: "¿Acaso el Mesías
vendrá de Galilea?
¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de
David y de Belén, el pueblo de donde era David?".
Y por causa de él, se
produjo una división entre la gente.
Algunos querían detenerlo, pero nadie
puso las manos sobre él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y
a los fariseos, y estos les preguntaron: "¿Por qué no lo trajeron?".
Ellos
respondieron: "Nadie habló jamás como este hombre".
Los fariseos
respondieron: "¿También ustedes se dejaron engañar?
¿Acaso alguno de los
jefes o de los fariseos ha creído en él?
En cambio, esa gente que no conoce
la Ley está maldita".
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a
Jesús, les dijo:
"¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin
escucharlo antes para saber lo que hizo?".
Le respondieron: "¿Tú también
eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún
profeta".
Y cada uno regresó a su casa.
Extraído de la
Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del
Evangelio por :
Concilio Vaticano II
Constitución dogmática sobre la
Iglesia, “Lumen Gentium”, § 9
Cristo selló con su sangre un pacto nuevo, a saber, el Nuevo
Testamento (1C 11,25), lo estableció convocando un pueblo de judíos y gentiles,
que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo
Pueblo de Dios...: un linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de
adquisición..., que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios” (1P 2,
9-10).
Este pueblo mesiánico, por consiguiente, aunque no incluya a
todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin
embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de
esperanza y de salvación. Cristo, que lo instituyó para ser comunión de vida, de
caridad y de verdad, se sirve también de él como de instrumento de la redención
universal y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra
(cf. Mt 5,13-16)... Dios formó una comunidad de quienes, creyendo, ven en Jesús
al autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz, y la
constituyó Iglesia a fin de que fuera para todos y cada uno el sacramento
visible de esta unidad salutífera.
Esta Iglesia, debiendo difundirse
en todo el mundo, entra, por consiguiente, en la historia de la humanidad, si
bien trasciende los tiempos y las fronteras de los pueblos. Caminando, pues, en
medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia
de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad
perfecta por la debilidad de la carne, antes, al contrario, persevere como
esposa digna del Señor y, bajo la acción del Espíritu Santo, no cese de
renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce ocaso.
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