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Evangelio según San Lucas 6,36-38.
Sean
misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
No juzguen y no
serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada,
sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará
para ustedes".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Juliana de
Norwich (1342-después 1416), reclusa inglesa
Revelaciones del amor divino,
cap. 48
A mis ojos, la misericordia [de Dios], es el amor que obra con
dulzura y plenitud de gracia, con compasión superabundante.Actúa para
guardarnos; para que todas las cosas sucedan para nuestro bien. Permite, por
amor, incluso que faltemos, en cierta medida. Tantas veces faltemos como
caigamos; tantas veces caigamos como muramos... Sin embargo, la mirada dulce de
la piedad y del amor jamás se aparta de nosotros; la misericordia nunca se
acaba.
He visto lo que es propio de la misericordia y he visto lo
que es propio de la gracia: son dos maneras de actuar de un solo amor. La
misericordia es un atributo de la compasión, y proviene de la ternura maternal;
la gracia es un atributo de gloria, y proviene del poder real del Señor en el
mismo amor.
La misericordia actúa para protegernos, sostenernos,
vivificarnos, y curarnos: en todo esto es ternura de amor. La gracia obra para
elevar y recompensar, infinitamente más allá de lo que merecen nuestro deseo y
nuestro trabajo; difunde y manifiesta la generosidad que Dios, nuestro Señor,
nos prodiga en su cortesía maravillosa. Todo esto viene de la abundancia de su
amor. Porque la gracia cambia nuestra flaqueza en consuelo abundante e infinito,
la gracia convierte nuestra caída vergonzosa en un levantamiento sublime y
glorioso, la gracia cambia nuestro triste morir en una vida santa y
bienaventurada.
En verdad lo he visto: cada vez que nuestra
perversidad nos conduce, aquí abajo, al dolor, la vergüenza y la aflicción, la
gracia, por el contrario, nos conduce al consuelo, la gloria y la felicidad. Y
con tal superabundancia, que llegando a allá arriba para recibir la recompensa
que la gracia nos tiene preparada, agradeceremos y bendeciremos a nuestro Señor,
regocijándonos sin fin por haber sufrido tales adversidades. Y este amor
bienaventurado será de tal naturaleza que veremos en Dios cosas que jamás
habríamos podido conocer sin haber pasado por estas pruebas.
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