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Evangelio según San Mateo 5,43-48.
Ustedes han
oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les
digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos
del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos
y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a
quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No
hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el
Padre que está en el cielo.
Extraído de la Biblia, Libro del
Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Policarpo (69-155), obispo, mártir
Carta a los filipenses 8-12
Quedemos firmemente unidos a nuestra esperanza y nuestro premio:
Cristo Jesús. Sobre el madero ha llevado nuestras culpas en su cuerpo. No
obstante “él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca” (1P 2,22) Pero
para que nosotros vivamos en él ha soportado todo esto. Imitemos su paciencia y
si padecemos a causa de su nombre, démosle gloria. Este es el ejemplo que él
mismo nos dio y que anima nuestra fe... ¡Perseverad en estos sentimientos y
seguid el ejemplo del Señor, firmes e inquebrantables en la fe, amando a los
hermanos, llenos de afecto mutuo, unidos en la verdad, acompañándoos unos a
otros con dulzura, como el Señor, no despreciando a nadie...
Estoy
convencido de que estáis muy instruidos por los libros sagrados y que no
ignoráis ninguno de sus misterios. Yo no soy tan erudito. Pero esta cita de las
Sagradas Escrituras me basta: “si os dejáis llevar de la ira, que no sea hasta
el punto de pecar.” (Ef 4,26) ¡Dichoso el que se acuerda de esta palabra! Creo
que vosotros sois de éstos.
Que Dios, el Padre de Nuestro Señor
Jesucristo, y él mismo, el Sumo Pontífice eterno (He 2,17), Jesucristo, el Hijo
de Dios, os fortalezca en la fe y en la verdad, con toda dulzura, sin cólera, en
la paciencia, la longanimidad, la valentía y la castidad. Que él os haga
partícipes en la heredad de los santos, igual que a nosotros y a todos los que
viven bajo el cielo y creen en Nuestro Señor Jesucristo y en su Padre que lo
resucitó de entre los muertos. ¡Orad por todos los santos! ¡Orad también por los
reyes, los príncipes, los magistrados, por todos aquellos que os persiguen y os
odian, por los enemigos de la cruz, y así, todos puedan contemplar el fruto de
vuestras vidas.
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