domingo, 10 de marzo de 2013

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Evangelio según San Mateo 5,17-19.


No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. 



Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 

Benedicto XVI, papa de 2005 a 2013 
Discurso del 19/08/2005 en la sinagoga de Colonia, Alemania (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana) 

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud”
    Se cumple también este año el 40° aniversario de la promulgación de la declaración Nostra aetate del concilio ecuménico Vaticano II, que abrió nuevas perspectivas en las relaciones judeocristianas en un clima de diálogo y solidaridad. Esta declaración... recuerda nuestras raíces comunes y el rico patrimonio espiritual que comparten judíos y cristianos. Tanto los judíos como los cristianos reconocen en Abraham a su padre común en la fe (cf. Ga 3, 7; Rm 4, 11 s), y hacen referencia a las enseñanzas de Moisés y los profetas. La espiritualidad de los judíos, al igual que la de los cristianos, se alimenta de los Salmos. Como el apóstol san Pablo, los cristianos están convencidos de que "los dones y la vocación de Dios son irrevocables" (Rm 11, 29; cf. 9, 6. 1; 11, 1 s). Teniendo en cuenta la raíz judía del cristianismo (cf. Rm 11, 16. 24), mi venerado Predecesor... dijo: "Quien se encuentra con Jesucristo se encuentra con el judaísmo"...

    Dios nos ha creado a todos "a su imagen" (cf. Gn 1, 27)...: Ante Dios, todos los hombres tienen la misma dignidad, independientemente del pueblo, la cultura o la religión a que pertenezcan. Por esta razón, la declaración Nostra aetate también habla con gran consideración de los musulmanes (cf. n. 3), y de los que pertenecen a otras religiones (cf. n. 2). Fundándose en la dignidad humana común a todos, la Iglesia católica "reprueba, como ajena al espíritu de Cristo, cualquier discriminación o vejación por motivos de raza o color, de condición o religión" (n. 5).

    La Iglesia es consciente de que tiene el deber de trasmitir, tanto en la catequesis a los jóvenes como en cada aspecto de su vida, esta doctrina a las nuevas generaciones que no han visto los terribles acontecimientos ocurridos antes y durante la segunda guerra mundial. Es una tarea especialmente importante porque, desafortunadamente, hoy resurgen nuevos signos de antisemitismo y aparecen diversas formas de hostilidad generalizada hacia los extranjeros. ¿Cómo no ver en eso un motivo de preocupación y cautela? La Iglesia católica se compromete ―lo reafirmo también en esta ocasión― por la tolerancia, el respeto, la amistad y la paz entre todos los pueblos, las culturas y las religiones


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