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Evangelio según San Juan 8,12-20.
Jesús les
dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me
sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".
Los
fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale".
Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale
porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a
dónde voy.
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
y si lo
hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que
me envió.
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos
personas es válido.
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me
envió da testimonio de mí".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?".
Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran
a mí, conocerían también a mi Padre".
El pronunció estas palabras en la sala
del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había
llegado su hora.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de
Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Agustín
(354-430), obispo de Hipona (Norte de África) y doctor de la Iglesia
Sermón
sobre el evangelio de Juan, n° 35, 4-5.9
Los fariseos le dijeron: "tú das testimonio de tí mismo y tu
testimonio no vale"... Jesús les respondió: "sí, yo doy testimonio de mí mismo y
mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y a donde voy". La luz muestra
los objetos que alumbra, y al mismo tiempo se muestra a ella misma... “Yo sé de
dónde vengo y a donde voy."
El que está delante de vosotros y el
que habla posee lo que no dejó: viniendo aquí abajo, no dejó el cielo, y
regresando allí, no nos abandonó... Esto es imposible para el hombre, esto es
imposible para el mismo sol: cuando se dirige hacia occidente, abandona oriente
y, hasta que regresa a oriente, no está allí más. Pero nuestro Señor Jesucristo,
viene sobre tierra y está en el cielo; regresa al cielo, y está sobre tierra...
San Pedro escribe: "Así tenemos más confirmada la palabra de los
profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como una lámpara que brilla
en un lugar oscuro, hasta que despunte el día" (2P 1,19). Cuando venga nuestro
Señor, según las palabras del apóstol Pablo, "Él iluminará lo que esconden las
tinieblas" (1Co 4,5)... Ante tal luz, las antorchas no nos serán necesarias: no
leeremos más a los profetas, no abriremos más las epístolas de los apóstoles, no
pediremos más el testimonio de Juan Bautista, no necesitaremos más el
Evangelio.
Todas las Escrituras, que nos sirvieron de antorchas en
medio de la noche de nuestro mundo, desaparecerán... ¿Qué veremos?... "En el
principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios"
(Jn 1,1). Vendrás a sacar de la fuente de donde surgió el rocío que te fue dado,
de donde salieron estos rayos quebrantados que llegaban dando mil rodeos hasta
tu corazón envuelto con tinieblas. Verás al descubierto la luz misma... "Lo que
un día seremos aún no se ha manifestado. Sabemos que, cuando él se manifieste,
seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es" (1Jn 3,2)... Yo, yo voy
a dejar este libro; fue bueno gozar de su luz juntos, pero aunque no lo
tengamos, no perdemos esta luz.
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