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Evangelio según San Mateo 23,1-12.
"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes
hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras,
porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los
hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el
dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan
los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los
banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las
plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.
En cuanto a ustedes, no se
hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son
hermanos.
A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el
Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen
un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga
servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se
humilla será ensalzado".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo
de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Las
Sentencias de los Padres del Desierto (siglos IV-V)
Macario 11
Un día, el abad Macario volvía del campo a su celda llevando unas
hojas de palmera. En el camino, el diablo le abordó con una hoz queriéndole
herir, pero no lo logró. El diablo le dijo entonces: “Macario, padezco muchos
tormentos por tu causa, porque no te he podido vencer. Sin embargo, hago todo lo
que tú haces: tú ayunas, y yo no como nunca; tú vigilas, y yo no duermo jamás.
Hay una sola cosa en la que me puedes.” - ¿Cuál? preguntó Macario. – “Es tu
humildad la que me impide vencerte.”
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