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Evangelio según San Mateo 6,7-15.
Cuando oren,
no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán
escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe
bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de
esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como
nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la
tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el
Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no
perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Francisco de
Asís (1182-1226), fundador de los Hermanos Menores
Padrenuestro,
parafraseado
“Padre Nuestro”, santísimo,
nuestro Creador, nuestro Redentor,
nuestro Salvador y nuestro Consolador.
“Que estás en el cielo”
que
estás en los ángeles, en los santos, iluminando a todos para que te conozcan,
porque tú eres, Señor, la luz;
tú los inflamas para que te amen, porque tú
eres el Señor, el amor;
habitas en ellos llenándolos de tu divinidad para que
sean felices, porque tú eres, Señor, el bien supremo, el bien
eterno.
“Santificado sea tu nombre”
Que se haga cada día más claro el
conocimiento que tenemos de tu nombre,
Para que comprendamos la grandeza de
tus beneficios,
La largueza de tus promesas y la altura de tu majestad,
La
profundidad de tus juicios. (Ef 3,18)
“Venga a nosotros tu
reino”
Reina en nosotros desde ahora por tu gracia
Introdúcenos un día en
tu reino.
Donde te veremos, por fin, sin sombra alguna.
Donde te amaremos
perfectamente.
Bienaventurada unión contigo y eterno gozo de estar
contigo.
“Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”
Que te
amemos
con todo corazón, pensando siempre en ti.
Con toda el alma,
deseándote siempre.
Con todo nuestro espíritu, dirigiendo hacia ti nuestras
fuerzas procurando únicamente tu gloria.
Con todas nuestras fuerzas, gastando
todas nuestras energías y nuestros sentidos interiores y exteriores al servicio
de tu amor y de nada más. (Mt 12,30)
Que amemos a nuestros prójimos como a
nosotros mismos.
Atrayéndolos a todos hacia tu amor según nuestras
fuerzas.
Participando en su felicidad como si fuera la
nuestra.
Ayudándoles a soportar sus males, sin ofenderlos
nunca.
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