Evangelio según San Mateo 18,15-20.
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te
escucha, habrás ganado a tu hermano.
Si no te escucha, busca una o dos personas más, para
que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.
Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si
tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.
Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra,
quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en
el cielo.
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en
la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo
estoy presente en medio de ellos".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Concilio Vaticano II
Sacrosanctum Concilium, Constitución sobre la
Liturgia, 7
"Yo estoy allí, en medio de ellos"
Cristo está siempre presente en su Iglesia,
principalmente en los actos litúrgicos. Está presente en el sacrificio de la
misa, no sólo en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por el ministerio
de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”, sino también,
sobre todo, bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los
sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está
presente en su palabra, pues es El mismo el que habla cuando se lee en la
Iglesia la Sagrada Escritura. Está presente, finalmente, cuando la Iglesia suplica
y canta salmos, el mismo que prometió: Donde están dos o tres congregados en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20).
Realmente, en una obra tan grande por la que Dios es
perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre
consigo a la Iglesia, su esposa amadísima, que invoca a su Señor y por El rinde
culto al Padre Eterno.
Así, pues, con razón se considera la liturgia como el
ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo en la que, mediante signos
sensibles, se significa y se realiza, según el modo propio de cada uno, la
santificación del hombre y, así, el Cuerpo místico de Cristo, esto es, la
Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público.
Por ello, toda celebración litúrgica, como obra de
Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por
excelencia cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no iguala
ninguna otra acción de la Iglesia.
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