Evangelio según San Lucas 6,27-38.
Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus
enemigos, hagan el bien a los que los odian.
Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que
los difaman.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la
otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no
se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres
hagan por ustedes.
Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen?
Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.
Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes,
¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores.
Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir,
¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir
de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin
esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán
hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es
misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán perdonados.
Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una
buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que
ustedes midan también se usará para ustedes".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Carta encíclica "Dives in Misericordia", § 3
- Copyright © Libreria Editrice Vaticana
“Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es
misericordioso”
Son muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que
ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta
tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada (Mt 18, 12s;
Lc 15, 3s) o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida (Lc 15, 8s).
El evangelista que trata con detalle estos temas en las enseñanzas de Cristo es
san Lucas, cuyo evangelio ha merecido ser llamado «el evangelio de la
misericordia»…
Cristo, al revelar el amor-misericordia de Dios,
exigía al mismo tiempo a los hombres que a su vez se dejasen guiar en su vida
por el amor y la misericordia. Esta exigencia forma parte del núcleo mismo del
mensaje mesiánico y constituye la esencia del ethos evangélico. El Maestro lo
expresa bien sea a través del mandamiento definido por él como « el más grande»
(Mt 22,38), bien en forma de bendición, cuando en el discurso de la montaña
proclama: « Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia» (Mt 5,7).
De este modo, el mensaje mesiánico acerca de la
misericordia conserva una particular dimensión divino-humana. Cristo —en cuanto
cumplimiento de las profecías mesiánicas—, al convertirse en la encarnación del
amor que se manifiesta con peculiar fuerza respecto a los que sufren, a los infelices
y a los pecadores, hace presente y revela de este modo más plenamente al Padre,
que es Dios « rico en misericordia » (Ef 2, 4). Asimismo, al convertirse para
los hombres en modelo del amor misericordioso hacia los demás, Cristo proclama
con las obras, más que con las palabras, la apelación a la misericordia que es
una de las componentes esenciales del ethos evangélico. En este caso no se
trata sólo de cumplir un mandamiento o una exigencia de naturaleza ética, sino
también de satisfacer una condición de capital importancia, a fin de que Dios
pueda revelarse en su misericordia hacia el hombre: ...los misericordiosos...
alcanzarán misericordia.
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