EVangelio según San Lucas 9,7-9.
El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y
estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado".
Otros decían: "Es Elías, que se ha
aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha
resucitado".
Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar.
Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba
de verlo.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Catecismo de la Iglesia Católica
§ 31-35 - Copyright © Libreria Editrice Vaticana
Herodes Antipas trata de ver a Jesús
Las vías de acceso al conocimiento de Dios: Creado a
imagen de Dios, llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios
descubre ciertas "vías" para acceder al conocimiento de Dios. Se las
llama también "pruebas de la existencia de Dios", no en el sentido de
las pruebas propias de las ciencias naturales, sino en el sentido de
"argumentos convergentes y convincentes" que permiten llegar a
verdaderas certezas.
Estas "vías" para acercarse a Dios tienen
como punto de partida la creación: el mundo material y la persona humana. El
mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y
de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo.
San Pablo afirma refiriéndose a los paganos: "Lo que de Dios se puede
conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de
Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus
obras: su poder eterno y su divinidad" (Rm 1,19-20; cf. Hch 14,15.17;
17,27-28; Sb 13,1-9)…
El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza,
con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con
su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la
existencia de Dios. En todo esto se perciben signos de su alma espiritual...;
su alma, no puede tener origen más que en Dios. El mundo y el hombre atestiguan
que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que
participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas
diversas "vías", el hombre puede acceder al conocimiento de la
existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo,
"y que todos llaman Dios" (San Tomás de Aquino).
Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la
existencia de un Dios personal. Pero para que el hombre pueda entrar en la
intimidad de Él ha querido revelarse al hombre y darle la gracia de poder
acoger en la fe esa revelación. Sin embargo, las pruebas de la existencia de
Dios pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón
humana.
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