Evangelio según San Mateo 23,13-22.
"¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas,
que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan
entrar a los que quisieran.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que
recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido
lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes!
¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: 'Si se jura
por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del
santuario, entonces sí que vale'!
¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o
el santuario que hace sagrado el oro?
Ustedes dicen también: 'Si se jura por el altar, el
juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el
altar'.
¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar
que hace sagrada esa ofrenda?
Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por
todo lo que está sobre él.
Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel
que lo habita.
Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y
por aquel que está sentado en él.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
Regla del Maestro (regla monástica del s. VI)
Prólogo, 1-14.
“La encrucijada en nuestro corazón”
Oh hombre,
tú el primero que has leído en voz alta, que a continuación has escuchado, deja
ahora tus otros pensamientos; sepas que si yo te hablo, es Dios quien te
advierte por mi boca. A él, al Señor Dios, debemos ir por propio gusto, por
nuestras buenas acciones y nuestras intenciones derechas, por miedo a que, en
razón de nuestra negligencia pecadora no seamos a pesar de ser llamados a
comparecer, ser llevados a la muerte... Pues el tiempo que vivimos todavía, lo
vivimos como un indulto, sin embargo la bondad de Dios espera cada día que
nosotros nos enmendemos, ella nos quiere mejores hoy que no como estuvimos
ayer.
Tú por tanto
que me escuchas, presta atención, de suerte que mis palabras..., caminado por
el examen del espíritu, lleguen a la encrucijada de tu corazón. A ésta
encrucijada....deja atrás de ti una de las vías, esa ignorancia pecadora y
entra al momento en las dos vías de observación de los preceptos que se abren
delante de ti. Y mientras que nosotros buscamos ir a Dios lleguemos en la
encrucijada de nuestro corazón y examinemos las dos vías de conocimiento que
vemos delante nuestro. Examinemos por cuál de estas dos vías podemos venir a
Dios (Mt 7,13-14). Si continuamos a la izquierda, tenemos miedo -pues la vía es
larga- no sea que este lleve a la perdición. Si nos dirigimos a la derecha,
estamos sobre camino bueno, pues la vía es estrecha, y es la que lleva a los
servidores diligentes a su verdadero Señor.
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