Evangelio según San Lucas 8,16-18.
No se enciende una lámpara para cubrirla con un
recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un
candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún
día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se
le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Juan Crisóstomo (c.345- 407), presbítero en
Antioquia, obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia, Padre de la Iglesia
Oriental
Homilía sobre los Actos de los Apóstoles, nº 20, 3-4;
PG 60, 162
“Se pone sobre el candelabro” (Mt 5,15)
No hay nada
más frío que un cristiano despreocupado por salvar a los hermanos. No puedes,
en este asunto, poner por pretexto tu pobreza: aquella que dio las dos monedas
ínfimas se levantaría para acusarte (Lc 21,2) También Pedro, que decía: “No
tengo ni oro ni plata.” (Hch 3,6) Y Pablo que era tan pobre que a menudo pasaba
hambre y le faltaba lo necesario para vivir (1 Cor 4,11) Tampoco puedes
excusarte con tu procedencia humilde: ellos también eran de condición modesta.
Ni la ignorancia sería una disculpa válida: ellos tampoco eran gente de
letras...Ni pienses alegar la enfermedad: Timoteo tenía frecuentes molestias de
estómago (1Tim 5,23)...Cualquiera puede ser útil a su prójimo si lo quiere de
verdad...
No digas que
te es imposible restablecer en el buen camino a los demás, porque si tú eres
cristiano es imposible que esto no suceda. Cada árbol lleva su fruto (Mt 17,17)
y como no hay contradicción en la naturaleza, tampoco lo hay entre lo que
nosotros decimos y la verdad, porque es inherente a la naturaleza del
cristiano...Es más fácil que la luz se vuelva tinieblas que el cristiano deje
de iluminar a los demás.
“Nadie puede servir a dos señores.” No porque él tenga
dos: no hay más que un Señor. Porque aunque haya personas que sirven al dinero,
éste, de suyo, no posee ningún derecho a ser señor; son ellos mismos los que se
cargan con el yugo de la esclavitud. En efecto, no se trata de un justo poder,
sino de una injusta esclavitud. Por eso dice: “Haceos amigos con el dinero mal
ganado” para que, a través de nuestra generosidad para con los pobres,
alcancemos el favor de los ángeles y de los demás santos.
No se critica al intendente: con ello aprendemos que
no somos amos sino intendentes de las riquezas de otros. Aunque haya hecho una
falta, es alabado porque, contando con los otros en nombre de su amo, se gana
adictos. Y Jesús ha hablado muy bien del “dinero engañoso” porque la avaricia,
a través de las variadas seducciones que ofrecen las riquezas, tienta nuestras
inclinaciones hasta el punto que queremos ser esclavos de los bienes. Por eso
dice: “Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?” Las
riquezas nos son extrañas porque están fuera de nuestra naturaleza; no nacen
con nosotros, y no nos siguen en la muerte. Cristo, por el contrario, es
nuestro porque él es la vida… No seamos, pues, esclavos de los bienes
exteriores, porque no debemos reconocer a otro como señor sino sólo a Cristo.
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