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Evangelio según San Mateo 10,7-15.
Por el
camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los
enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los
demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.
No
lleven encima oro ni plata, ni monedas,
ni provisiones para el camino, ni
dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona
respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en
la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que
la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o
de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.
Les aseguro que, en el
día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa
ciudad.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo
II (1920-2005), papa
Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2002
Después del 11 de setiembre de 2001, el
mundo entero ha tomado conciencia con una intensidad hasta ahora desconocida, de
la vulnerabilidad de cada ser humano y ha comenzado a contemplar el futuro con
un sentimiento nuevo de profundo miedo. De cara a este sentimiento, la Iglesia
quiere dar testimonio de su esperanza, fundada sobre la convicción de que el
mal, “mysterium iniquitatis) (2Tess. 2,7) no tiene la última palabra en las
vicisitudes humanas. La historia de la salvación, narrada en la Sagrada
Escritura, proyecta una luz intensa sobre la historia del mundo, mostrando que
ésta está siempre acompañada por la solicitud misericordiosa y providente de
Dios que conoce los caminos para llegar a los corazones más endurecidos y sacar
frutos buenos de terrenos áridos e infecundos.
Esta es la esperanza que
sostiene la Iglesia...Con la gracia de Dios, el mundo, donde el poder del mal
aparece una vez más como vencedor, será transformado en un mundo donde las
aspiraciones más nobles del corazón humano serán cumplidas, un mundo donde
prevalecerá la paz verdadera.
Los acontecimientos recientes, con sus
sangrientos episodios que mencionado más arriba, me empujan a la reflexión que a
menudo brota del fondo de mi corazón, recuerdos de acontecimientos históricos
que han marcado mi vida, especialmente en el curso de mis años de juventud. Los
sufrimientos indecibles de pueblos y personas, entre ellos muchos de mis amigos
y personas conocidas, a causa de los totalitarismos nazi y comunista, siempre
han suscitado en mí interrogantes y han estimulado mi oración. Muchas veces, me
he detenido en la siguiente reflexión: ¿Cuál es el camino que conduce al
restablecimiento completo del orden moral y social que están empañados de manera
tan bárbara? He llegado a la convicción, a través de la reflexión referida a la
Revelación bíblica, que no se puede restablecer el orden quebrantado si no es
llegando a una armonía entre justicia y perdón. Los pilares de la verdadera paz
son la justicia y esta forma particular de amor que es el perdón.
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