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Evangelio según San Mateo 9,14-17.
Entonces se
acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no
ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".
Jesús les respondió:
"¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con
ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces
ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido
viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el
vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres
nuevos, y así ambos se conservan!".
Extraído de la Biblia
Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Carta apostólica “Mulieris
dignatatem”, §26-27 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)
En la Eucaristía se expresa de modo
sacramental el acto redentor de Cristo Esposo en relación con la Iglesia Esposa.
El Concilio Vaticano II ha renovado en la Iglesia la conciencia de la
universalidad del sacerdocio. En la Nueva Alianza hay un solo sacrificio y un
solo sacerdote: Cristo. De este único sacerdocio participan todos los
bautizados, ya sean hombres o mujeres, en cuanto deben “ofrecerse a sí mismos
como una víctima viva, santa y agradable a Dios” (cf. Rom 12, 1), dar en todo
lugar testimonio de Cristo y dar razón de su esperanza en la vida eterna (1P
3,15)… Todos los miembros de la iglesia… participan no solamente de la misión
sacerdotal, sino también en la misión profética y real de Cristo Mesías. Esta
participación determina, además, la unión orgánica de la Iglesia, como Pueblo de
Dios, con Cristo. Con ella se expresa a la vez el “gran misterio” de la Carta a
los Efesios (5,32): la Esposa unida a su Esposo; unida, porque vive su vida;
unida, porque participa de su triple misión… Unida de tal manera que responda
con un “don sincero” de sí al inefable don del amor del Esposo, Redentor del
mundo. Esto concierne a todos en la Iglesia, tanto a las mujeres como a los
hombres, y concierne obviamente también a aquellos que participan del
“sacerdocio ministerial”, que tiene el carácter de servicio. En el ámbito del
“gran misterio” de Cristo y de la Iglesia todos están llamados a responder —como
una esposa— con el don de la vida al don inefable del amor de Cristo, el cual,
como Redentor del mundo, es el único Esposo de la Iglesia.
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