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Evangelio según San Mateo 11,25-27.
En esa
oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por
haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a
los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado
por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al
Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el
comentario del Evangelio por :
Guillermo de San Thierry (c. 1085-1148),
monje benedictino, después cisterciense
El espejo de la fe ,6; PL 180, 384;
SC 301 (trad. Breviario común de doctores)
Oh alma fiel, cuando tu fe se vea rodeada
de incertidumbre y tu débil razón no comprenda los misterios demasiado elevados,
di sin miedo, no por deseo de oponerte, sino por anhelo de profundizar (como
María): “¿Cómo será eso?” (Lc 1,34). Que tu pregunta se convierta en oración,
que sea amor, piedad, deseo humilde. Que tu pregunta no pretenda escrutar con
suficiencia la majestad divina, sino que busque la salvación en aquellos mismos
medios de salvación que Dios nos ha dado.
Pues nadie conoce lo íntimo
del hombre, sino el espíritu del hombre, que está en él; y, del mismo modo, lo
intimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios (1Co 2,11). Apresúrate, pues,
a participar del Espíritu Santo: cuando se le invoca, ya está presente; es más,
si no hubiera estado presente no se le habría podido invocar. Cuando se le
llama, viene, y llega con la abundancia de las bendiciones divinas. Él es
aquella impetuosa corriente que alegra la ciudad de Dios (Sal. 45,5). Si al
venir te encuentra humilde, sin inquietud, lleno de temor ante la palabra
divina, se posará sobre ti (Lc 1,35) y te revelará lo que Dios esconde a los
sabios y entendidos de este mundo. Y, poco a poco, se irán esclareciendo ante
tus ojos todos aquellos misterios que la Sabiduría (1Co 1,24) reveló a sus
discípulos cuando convivía con ellos en el mundo, pero que ellos no pudieron
comprender antes de la venida del Espíritu de verdad, que debía llevarlos hasta
la verdad plena. (Jn 16,12-13).
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