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Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18.
El primer día
de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al
sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
Corrió al encuentro de Simón
Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del
sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".
María se había quedado
afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y
vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los
pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
Ellos le dijeron:
"Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y
no sé dónde lo han puesto".
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que
estaba allí, pero no lo reconoció.
Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué
lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le
respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a
buscarlo".
Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo:
"¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".
Jesús le dijo: "No me retengas, porque
todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el
Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".
María Magdalena fue a
anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas
palabras.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Bernardo
(1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el
Cantar de los Cantares, n° 28, 9
Sólo el sentido del oído puede alcanzar
la verdad, porque solo él entiende la palabra… “No me toques”, esto es:
desentiéndete de ese sentido seductor;apóyate en la palabra y familiarízate con
la fe. La fe ignora el error, la fe abarca lo invisible, no conoce la limitación
de los sentidos; además trasciende los límites de la razón humana, el proceso de
la naturaleza, los términos de la experiencia ¿Por qué le preguntas a la mirada
lo que no puede saber? ¿Para qué se empeñan las manos en palpar lo que le
supera? Todo lo que te pueden enseñar es de un nivel inferior. Pero la fe te
dirá de mí cosas que no menguan en nada mi majestad. Aprende a poseer con más
certeza, a seguir con más seguridad lo que ella te aconseja. "No me toques, que
aun no estoy arriba con el Padre". Como si cuando haya subido, quisiera que lo
tocasen o fuese ello posible. Claro que podrá; pero con su afecto, no con sus
manos; con el deseo, no con la mirada; con la fe, no con los sentidos. ¿Por qué
quieres tocarme ahora, si valoras la gloria de mi resurrección por lo que te
dicen los sentidos? ¿No sabes que durante el tiempo de mi mortalidad, los ojos
de mis discípulos no pudieron soportar la gloria de mi cuerpo transfigurado, que
aún debía morir? Todavía complaceré tus sentidos revistiéndome de siervo, para
que puedas conocerme como antes. Pero mi gloria es extraordinaria...Prescinde,
pues, de tu juicio… de un misterio reservado para la fe... Lo que el ojo nunca
vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado (1Co 2,9), la fe lo lleva
cerrado y lo guarda sellado dentro de sí misma. Me tocará dignamente la fe, si
me acepta sentado a la derecha del Padre (Mc 16,19; Sal. 109,1), no en la forma
de siervo, sino en un cuerpo celestial idéntico al anterior, aunque de forma
distinta. ¿Por qué quieres tocar mi cuerpo deforme? Espera un poco y tocarás mi
cuerpo hermoso. Pues lo que ahora es deforme se volverá bello.
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