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Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1.
No piensen
que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la
espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su
madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a
los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no
es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de
mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que
encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a
aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la
recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la
recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque
sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo,
no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones
a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades
de la región.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Juan Taulero (c.
1300-1361), dominico en Estrasburgo
Sermón 59, 4º para la Exaltación de la
santa cruz
Reflexionemos sobre esta palabra de
nuestro Señor: que quiere "atraer todas las cosas hacia si" (Jn 12,32 tipos de
Vulg). El que quiere atraer todas las cosas, las reúne primero y luego las
atrae. Así hace nuestro Señor: recuerda primero al hombre sus divagaciones
exteriores y sus dispersiones, haciéndole recoger sus sentidos, sus facultades,
palabras, obras, y en el interior sus pensamientos, su intención, su
imaginación, sus deseos, sus inclinaciones, su inteligencia, su voluntad y su
amor. Cuando todo está bien recordado, Dios atrae al hombre, porque primero hay
que separarte de todo bien exterior o interior al cual te ataste poniendo en eso
tu satisfacción plena. Este despego es una cruz penosa, tanto más penosa cuanto
más firme y más fuerte era el afecto... ¿Por qué permitió Dios que el día y
noche de hoy se parecieran al día y a la noche que preceden? ¿Por qué lo que te
ayudaba a la devoción hoy no te será de ningún socorro mañana? ¿Por qué tienes
una muchedumbre de imágenes y de pensamientos que no acaban en nada? Querido
hijo, acepta de Dios esta cruz y sopórtala: se te transformará en una cruz muy
amable, si pudieras entregarle estas pruebas a Dios, aceptarlas, con un abandono
verdadero, y agradecimiento por todo a Dios: "proclama mi alma la grandeza del
Señor" (cf Lc 1,46). Que Dios coja o dé, el Hijo del hombre debe ser elevado
sobre la cruz... Querido hijo, deja todo esto y aplícate más bien a un abandono
verdadero, y piensa en aceptar mucho más la cruz de la tentación que buscar la
flor de la dulzura espiritual... Nuestro Señor dijo: "el que quiera venirse
conmigo, tome su cruz y me siga" (Lc 9,23).
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