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Evangelio según San Mateo 13,18-23.
Escuchen,
entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la
Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había
sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del
camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar
la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
pero no la deja echar raíces,
porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a
causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre
espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y
la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la
recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este
produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el
comentario del Evangelio por :
San Cesareo de Arles (470-543), monje,
obispo
Sermón al pueblo, nº 7, 1
Que Cristo os ayude, hermanos muy amados,
a acoger siempre la lectura de la palabra de Dios con un corazón ávido y
sediento. Así vuestra fiel obediencia os llenará de gozo espiritual. Mas, si
vosotros queréis saborear la dulzura de las santas Escrituras y aprovecharos
como es debido de los preceptos divinos, debéis sustraeros durante algunas horas
a vuestras preocupaciones materiales. Volved a leer las palabras de Dios en
vuestras casas, dedicaos enteramente a su misericordia. Así lograréis que se
realice en vosotros eso que está escrito del hombre dichoso: «Meditará día y
noche la ley del Señor» (Sl 1, 2) y también: «Dichosos los que escrutan sus
mandatos, los que le buscan con sincero corazón» (Sl 118, 2).
Los buenos
comerciantes no buscan sacar beneficios de una sola mercancía sino de muchas.
Los agricultores buscan un mayor rendimiento sembrando diversas clases de
semillas. Vosotros, que buscáis beneficios espirituales, no os contentéis
escuchando sólo en la iglesia los textos sagrados. Leed esos textos en vuestras
casas; cuando los días son cortos, aprovechad las largas veladas. Y así podréis
acumular un fermento espiritual en los graneros de vuestro corazón y dejar bien
colocado el tesoro de vuestras almas, las perlas preciosas de las Escrituras.
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