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Evangelio según San Mateo 13,1-9.
Aquel día,
Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.
Una gran multitud se
reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella,
mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló
extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros
las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha
tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero
cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras
cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en
tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El
que tenga oídos, que oiga!".
Extraído de la Biblia
Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul
Discursos
ascéticos, serie 1ª, n° 32
De igual manera que toda la fuerza de la
ley y los mandatos que Dios ha dado a los hombres se cumple en la pureza del
corazón, como lo dijeron los padres, así también todos los modos y maneras por
los cuales los hombres rezan a Dios se cumplen en la oración pura. Los gemidos,
las prosternaciones, las súplicas, los lamentos, todas las formas que puede
tomar la oración tienen en efecto su fin en una oración pura... La reflexión no
tiene nada más que lo que tiene: ni oración, ni movimiento, ni lamento, ni
poder, ni libertad, ni súplica, ni deseo, ni placer de lo que espera en esta
vida o en el mundo venidero; después de la oración pura, no hay otra oración...
Más allá de este límite, está la admiración, no hay más oración; la oración
cesa, y comienza la contemplación... La oración es la semilla, y la
contemplación, la cosecha de las gavillas. El segador se maravilla de ver lo
indecible: ¿cómo a partir de pequeños granos desnudos que sembró, pudieron
crecer de repente ante él tales espigas florecientes? La vista de su cosecha le
quita todo movimiento... Lo mismo que apenas se encuentra un hombre entre varios
millares para cumplir un poco mejor los mandatos y las normas de la Ley y
alcanzar la pureza del alma, de igual manera sólo se encuentra un hombre de cada
mil que sea digno de alcanzar con mucha vigilancia la oración pura, de atravesar
el límite y de descubrir este misterio. Porque no es dado a muchos, sino a poco,
el conocer la oración pura.
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