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Evangelio según San Mateo 10,24-33.
El discípulo
no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.
Al discípulo le
basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo
llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada
oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo
que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al
oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el
cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar
el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por
unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el
consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos
sus cabellos.
No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al
que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre
que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de
aquel que reniegue de mí ante los hombres.
Extraído de la Biblia
Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de San Policarpo
(69-155), obispo
(trad. cf breviario 23/02)
Por tanto, no le sujetaron con los
clavos, sino que lo ataron. Ligadas las manos a la espalda como si fuera una
víctima insigne seleccionada de entre el numeroso rebaño para el sacrificio,
como ofrenda agradable a Dios, mirando al cielo, Policarpo dijo:
“Señor,
Dios todopoderoso, Padre de nuestro amado y bendito Jesucristo, Hijo tuyo, por
quien te hemos conocido; Dios de los ángeles, de los arcángeles, de toda
criatura y de todos los justos que viven en tu presencia: te bendigo, porque en
este día y en esta hora me has concedido ser contado entre el número de tus
mártires, participar del cáliz de Cristo y, por el Espíritu Santo, ser destinado
a la resurrección de la vida eterna en la incorruptibilidad del alma y del
cuerpo. ¡Ojalá que sea yo también contado entre el número de tus santos como un
sacrificio enjundioso y agradable, tal como lo dispusiste de antemano, me lo
diste a conocer y ahora lo cumples, oh Dios veraz e ignorante de la mentira! Por
esto te alabo, te bendigo y te glorifico en todas las cosas por medio de tu Hijo
amado Jesucristo, eterno y celestial Pontífice. Por él a ti, en unión con él
mismo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y en el futuro, por los siglos de
los siglos. Amén”
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