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Evangelio según San Mateo 9,32-38.
En cuanto se
fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado.
El
demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada,
comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".
Pero los fariseos decían:
"El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios".
Jesús
recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas,
proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y
dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y
abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos:
"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño
de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el
comentario del Evangelio por :
Beato John Henry Newman (1801-1890),
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Sermón “Presencia Invisible de
Cristo”, sermón nº 21
Mirad a vuestro alrededor, hermanos: ¿por
qué hay tantos cambios y luchas, tantos partidos y sectas, tantos credos? Porque
los hombres están insatisfechos e inquietos. ¿Y por qué están inquietos, cada
uno con su salmo, su doctrina, su lengua, su revelación, su interpretación?
Están inquietos porque no han encontrado…; todo esto todavía no les ha llevado a
la presencia de Cristo que es "la plenitud de la alegría y la felicidad eterna"
(Sal. 15,11). Si hubieran sido alimentados por el pan de la vida (Jn 6,35) y
probado el panal de miel, sus ojos se habrían vuelto claros, como los de Jonatan
(1Sm 14,27 y habrían reconocido al Salvador de los hombres. Pero no habiendo
percibido estas cosas invisibles, todavía deben buscar, y están a merced de
rumores lejanos...
Triste espectáculo: el pueblo de Cristo errante sobre
las colinas "como ovejas sin pastor". En lugar de buscarlo en los lugares que
siempre frecuentó y en la morada que estableció, se atarean en proyectos
humanos, siguen a guías extranjeros y se dejan cautivar por opiniones nuevas, se
convierten en el juguete del azar o del humor del momento y víctimas de su
propia voluntad.
Están llenos de ansiedad, de perplejidad, de celos y de
alarma, "hechos bambolear y llevados por todo viento de doctrina, por la astucia
de los hombres y su propia astucia que se equivoca en el error" (Ef 4,14). Todo
esto porque no buscan el "Cuerpo único, el Espíritu único, la única esperanza de
su llamada, el único Señor, la fe única, el bautismo único, el Dios único y
Padre de todos" (Ef 4,5-6) para "encontrar el descanso de sus almas" (Mt
11,29).
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