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Evangelio según San Lucas 10,38-42.
Mientras iban
caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió
en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del
Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los
quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me
deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".
Pero el Señor le
respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin
embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor
parte, que no le será quitada".
Extraído de la Biblia
Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Ambrosio (c 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Comentario al evangelio de Lucas, 7, 85-86; SC 52
La virtud no tiene más que una cara. El
ejemplo de Marta y María nos demuestra en las obras de una la dedicación activa
y en la otra la atención piadosa del corazón a la palabra de Dios. Si esta
atención está unida a una fe profunda, es preferible a las obras mismas: “María
ha escogido la mejor parte y no se le quitará”. Esforcémonos, pues, nosotros
también, en poseer lo que nadie nos podrá quitar jamás, prestando atención;
porque si no, el mismo grano de la palabra divina puede ser arrebatado si cae al
borde del camino. (cf Lc 8,5.12) Sé, pues, como María, animado por el deseo de
la sabiduría; es una obra mayor y más perfecta. Que las preocupaciones del
servicio no te priven de aprender a conocer la palabra celestial. No critiques,
ni juzgues como holgazanes a los que vieras aplicarse a la sabiduría, porque
Salomón, el pacífico, la invocó para que hiciera morada en su casa. (Cf Sb 9,10)
Con todo, no se trata de reprochar a Marta sus buenos servicios, pero María
tiene la preferencia, por haber elegido la mejor parte. Jesús posee muchas
riquezas y las distribuye con largueza. La mujer más sabia ha escogido lo que
había juzgado como más importante. En cuanto a los apóstoles, no prefirieron
dejar la palabra de Dios para dedicarse al servicio (Hch. 6,2) Las dos actitudes
son obra de la sabiduría, porque Esteban, él también, estaba lleno de sabiduría
y fue escogido como servidor, como diácono (Hch. 6,5.8)... Porque el cuerpo de
la Iglesia es uno; y los miembros siendo diversos, tienen necesidad los unos de
los otros. “El ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni la cabeza puede
decir a los pies: No os necesito...” (1Cor 12,21)... Si algunos miembros son más
importantes, los otros son, sin embargo, necesarios. La sabiduría reside en la
cabeza, la actividad en las manos.
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