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Evangelio según San Mateo 7,6.12-14.
No den lo que
es santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos, pues podrían
pisotearlas y después se volverían contra ustedes para destrozarlos.
Todo lo
que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y
los Profetas.
Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y
espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por
él.
Pero ¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la
salvación! y qué pocos son los que lo encuentran.
Extraído de la
Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beato Juan Pablo II (1920-2005), papa
Mensaje para la Jornada
mundial de la Paz, 2002, § 6-8 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)
Aquel que mata en actos terroristas,
alimenta en su interior el desprecio por la humanidad, dando pruebas de la
desesperanza de cara a la vida y al futuro. Ante esta perspectiva, todo puede
ser odiado y destruido. El terrorista cree que la verdad que sostiene o el
sufrimiento padecido son tan absolutos que le es legítimo reaccionar destruyendo
incluso vidas humanas inocentes... La violencia terrorista...es totalmente
contraria a la fe en Cristo Jesús que enseñó a sus discípulos esta oración:
“Perdónanos nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”
(Mt 6,12)...
En realidad, el perdón es ante todo una decisión personal,
una opción del corazón en contra del instinto espontáneo de pagar mal por mal.
Esta opción encuentra su elemento de comparación en el amor de Dios que nos
acoge a pesar de nuestros pecados, y su modelo supremo es el perdón de Cristo
que oró así en la cruz: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc
23, 34).
El perdón tiene, pues, una raíz y una medida divinas. Pero esto
no excluye que se pueda encontrar el valor del perdón a la luz de
consideraciones fundadas sobre el buen sentir humano. La primera de estas
consideraciones concierne a la experiencia vivida interiormente por todo ser
humano cuando comete el mal. Se da cuenta entonces de su fragilidad y desea que
los otros sean indulgentes con él. ¿Porqué, entonces, no actuar de la misma
manera de cara a los demás? Todo ser humano alimenta en su interior la esperanza
de poder comenzar de nuevo, de iniciar un período de vida nueva, y no quedar
para siempre prisionero de sus errores y de sus faltas. Cada ser humano sueña
con poder mirar hacia el futuro con esperanza, descubrir que hay siempre una
nueva posibilidad de tener confianza y de comprometerse en el bien.
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