-------------------------------------------------------------------------------------
Evangelio según San Juan 20,24-29.
Tomás, uno de
los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Los
otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta
que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero
de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no
creeré.»
Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa,
y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio
de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes.»
Después dijo a Tomás: «Pon
aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de
negar y cree.»
Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios.»
Jesús replicó:
«Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero
creen!»
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Pedro
Crisólogo (c. 406-450), obispo de Ravena, doctor de la Iglesia
Sermón 84; PL
52, 438
¿Por qué Tomás busca pruebas para su fe?
A su amor, hermanos, le habría gustado que después de la resurrección del Señor
la falta de fe no le dejara a nadie con duda. Pero Tomás no llevaba solo la
incertidumbre de su corazón, sino la de todos los hombres. Y antes de predicar
la resurrección a las naciones, busca, un buen obrero, sobre el que fundará un
misterio que pide tanta fe. Y el Señor muestra a todos los Apóstoles esto que
Tomás había pedido. Jesús viene y le enseña sus manos y su costado (Jn
20,19-20). En efecto, el que entra, cuando las puertas estaban cerradas, puede
ser tomado por los discípulos, por un espíritu si no había podido mostrarles que
no era otro sino él, siendo las heridas el signo de su Pasión.
En
seguida, se acerca a Tomás y le dice: “Trae tu mano y métela en mi costado y no
seas incrédulo sino creyente. Que estas heridas que tu abres ahora, dejen fluir
la fe por todo el universo, ellas que ya han vertido el agua del bautismo y la
sangre del rescate” (Jn 19,34). Tomás responde: “Señor mío y Dios mío”. Que los
incrédulos vengan y lo entiendan y, como dice el Señor, que no sean más
incrédulos sino creyentes. Tomás manifiesta y proclama que lo que ve, no es solo
un cuerpo humano, sino también que por la Pasión de su cuerpo de carne, Cristo
es Dios y Señor. Es verdaderamente Dios quien sale vivo de la muerte y el que
resucita de su herida.
---------------------------------------------------------------------------
No hay comentarios:
Publicar un comentario