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Evangelio según San Mateo 9,9-13.
Al irse de
allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de
recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y
pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los
fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y
pecadores?".
Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que
tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué
significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a
llamar a los justos, sino a los pecadores".
Extraído de la
Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
San Ambrosio (c 340-397), obispo de Milán y maestro de San Agustín,
doctor de la Iglesia
He aquí la misteriosa vocación del
publicano. Cristo le da la orden de seguirle, no por una cuestión material sino
por el movimiento de su corazón. Y este hombre que justo entonces sacaba
ávidamente su provecho de las mercancías, que explotaba duramente las fatigas y
los peligros de los marineros, deja todo sobre una palabra de llamada. El que
tomaba los bienes de los otros, abandona sus propios bienes. El que estaba
sentado detrás de su triste mostrador, el marcha con toda su alma a continuación
del Señor. Y prepara una gran comida: el hombre que recibe a Cristo en su
residencia interior es saciado en delicias sin medida, de sobreabundantes
alegrías. En cuanto al Señor, entra con gusto, y se pone a la mesa preparada
por el amor de este que ha creído.
De un solo golpe se revela la
diferencia entre los que obedecen a la Ley y los discípulos de la gracia.
Agarrarse a la Ley, es sufrir en un corazón en ayunas un hambre sin remedio;
acoger internamente la Palabra, recibirla en el alma, es encontrar la renovación
en la abundancia de la comida y de la fuente eterna, es no tener jamás más
hambre, jamás más sed.
Si el Señor come con los pecadores ¿será para
prohibirnos juntarnos a la mesa y hacer vida común con los paganos? El nos dice:
“No son los sanos los que necesitan del médico sino los enfermos.” (Mt 9,12) Un
nuevo remedio se nos ofrece por el Maestro nuevo. No es un producto de la tierra
ni ninguna ciencia sería capaz de descubrirlo.
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