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Evangelio según San Mateo 8,1-4.
Jesús, pues,
bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres.
Un leproso se acercó, se
arrodilló delante de él y le dijo: «Señor, si tú quieres, puedes
limpiarme.»
Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; queda
limpio.» Al momento quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo: «Mira, no se lo
digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por
la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una
declaración.»
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por :
Beata Teresa de
Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
Camino de sencillez
En nuestros días, en Occidente, la peor
enfermedad no es la tuberculosis o la lepra sino el sentirse indeseable,
abandonado, privado de amor. Sabemos cuidar las enfermedades del cuerpo por
medio de la medicina, pero el único remedio para la soledad, el desconcierto y
el desespero es el amor. Hay mucha gente que muere en el mundo por falta de un
trozo de pan, pero hay muchos más que mueren por falta de un poco de amor. La
pobreza de Occidente es una pobreza diferente. No es sólo una pobreza de
soledad, sino también de falta de espiritualidad. Existe un hambre de amor como
existe un hambre de Dios...
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